Aunque la sigla ADP se remonta a antes de la Expansión de la Tierra, los historiadores suelen coincidir en que estos dispositivos primitivos no eran verdaderos ADP, ya que carecían de personalidad y no eran asistentes activos y autónomos. Los verdaderos ADP se popularizaron a mediados del siglo XXI como solución al problema de la sobrecarga de información, tanto en profesiones de alto riesgo como en el ámbito político y doméstico. Los asuntos humanos se habían vuelto cada vez más especializados y aislados, y ya no era posible para los especialistas individuales, y mucho menos para la gente común, comprender de manera fidedigna qué había que hacer y por qué. Los ADP están diseñados para guiar la atención del usuario hacia la información más clara y urgente de su entorno.
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