La luz es un recurso fundamental para el trabajo humano, pero también un derivado industrial peligroso. Las fuentes de luz artificial alteran el comportamiento natural de la vida marina, atrayendo o ahuyentando a los organismos autóctonos. Las primeras exploraciones de las profundidades oceánicas de la Tierra se vieron frustradas por el uso de reflectores, que precisamente ahuyentaban a los organismos que se estaban buscando.
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